El
manual de investigación de Elena Vicente, es como una aplicación práctica de la teoría, es
una búsqueda autobiográfica de lenguajes personales adquiridos mediante el
desciframiento de obras anteriores.
Recoge las trazas de esas
esculturas, cada una en su código personal, como si fueran el indicio de una
raza que va caracterizándola. Esta construcción le permite explicar cosas que
de otra manera no entendería. Supone una transmisión desde el interior de su propósito
hacia fuera, traspasarlas a otra forma en escultura, camuflajes, prolongaciones
de nuestro lenguaje.
Por otro lado, el anamorfismo ha sido un pensamiento continuo que, por un lado, ha abierto un abanico de
diferentes puntos de vista y así posibilidades prácticas. Y por otro lado, ha
significado el “recuerda”, el “todavía no es suficiente”, el grado de
deformación, una continua referencia.
Lo que vemos en estas obras actúa
como reverberaciones en nuestro interior, adquiriendo un conocimiento directo
basado en nuestra propia experiencia. Solo se conoce lo que se construye. Es
por ello que lo que nos mueve es “hacer” y en consecuencia “conocer”, sin
avisar, con una firma ilegible, como el hueso hueco de Holbein, o una firma
lapidaria desaparecida, como la inscripción del pavimento. Sobre todo, la clave
de este trabajo se basa en la curiosidad hacia todo lo que nos empuja hacia una
apasionada aplicación práctica.
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